Me gusta pararme un segundo y observar a la gente que me rodea, preguntarme qué sería de mi vida si no estuvieran. Preguntarme que sería de mi vida si fuesen otras personas. Preguntarme que pasaría dentro de cinco minutos si en vez de estar aquí sentado, estuviera comprando un regalo de cumpleaños. Con el frío que hace, si saliese ahora a la calle lo más probables es que cogiese un resfriado. Puede también, que de camino a comprar el regalo, me tuerza el pie y no pueda ir a la fiesta de cumpleaños. Puede que vea a alguien que no veía desde hace mucho, que nos paremos a hablar y digamos aquello de "haber si quedamos un día y nos tomamos algo", que falsos que somo a veces. Por no hacer un feo, somos capaces de mentir, esto es la autentica realidad, la convicción humana dice que antes de decir algo, pienses en ello y si crees que el resultado no es tan convincente como esperarías, simplemente miente.
Sin embargo, cada paso que he dado me ha llevado hasta aquí. Al igual que me gusta la música y no soy músico ni cantante, te puedo decir que me gusta leer, escribir pero no soy escritor ni escribo bellos versos alejandrinos. Me gusta ayudar a la gente, me hace sentir bien. Esto significa ayudar a tu abuela a subir las bolsas de la compra al tercero sin ascensor, hasta recoger a un amigo en pleno centro de Murcia para tomar algo y posteriormente ir juntos a la fiesta de cumpleaños de una amiga.
Ahora que ha salido el tema, me gusta tener amigos. Esta oración voy a matizarla porque tiene mucho zumo que exprimir. Conozco tanto a mis amigos que daría el dedo meñique de mi pie izquierdo por ellos, y todo el mundo sabe lo que aprecio yo ese dedo. Puedes reírte, pero sin ese dedo perderíamos el equilibrio y no andaríamos como lo hacemos. Cuando hablo de amigos no me refiero a los cientos de las redes sociales, de las que no voy a decir su nombre para no hacer publicidad.
Son personas maravillosas, no son las mejores ni las más perfectas, pero han encajado en mi proyecto de mi vida. Por su vitalidad, por su sencillez, por su humildad, por ser personas talentosas. Cada uno tiene un don y lo sé porque todos mis amigos lo tienen en común. Tienen el don de hacer que me sienta bien, feliz, animado, con ganas de dar un salto tan grande que pudiese tocar la luna. Son personas que tienen magia y no son magos, son únicamente ellos mismo. Cuando veo su nombre reflejado en la pantalla del teléfono instantáneamente se activa algo en mi cerebro, un impulso nervioso que contrae los músculos de mi cara y hacen que sonría. Ojalá que esto dure, porque no sé que haría sin ellos. No me imagino un futuro cercano ni lejano sin ellos.