Igual que hay caminos que no llevan a ningún lugar, hay historias que no quieren decir nada.
miércoles, 5 de diciembre de 2012
I like....
Sin embargo, cada paso que he dado me ha llevado hasta aquí. Al igual que me gusta la música y no soy músico ni cantante, te puedo decir que me gusta leer, escribir pero no soy escritor ni escribo bellos versos alejandrinos. Me gusta ayudar a la gente, me hace sentir bien. Esto significa ayudar a tu abuela a subir las bolsas de la compra al tercero sin ascensor, hasta recoger a un amigo en pleno centro de Murcia para tomar algo y posteriormente ir juntos a la fiesta de cumpleaños de una amiga.
Ahora que ha salido el tema, me gusta tener amigos. Esta oración voy a matizarla porque tiene mucho zumo que exprimir. Conozco tanto a mis amigos que daría el dedo meñique de mi pie izquierdo por ellos, y todo el mundo sabe lo que aprecio yo ese dedo. Puedes reírte, pero sin ese dedo perderíamos el equilibrio y no andaríamos como lo hacemos. Cuando hablo de amigos no me refiero a los cientos de las redes sociales, de las que no voy a decir su nombre para no hacer publicidad.
Son personas maravillosas, no son las mejores ni las más perfectas, pero han encajado en mi proyecto de mi vida. Por su vitalidad, por su sencillez, por su humildad, por ser personas talentosas. Cada uno tiene un don y lo sé porque todos mis amigos lo tienen en común. Tienen el don de hacer que me sienta bien, feliz, animado, con ganas de dar un salto tan grande que pudiese tocar la luna. Son personas que tienen magia y no son magos, son únicamente ellos mismo. Cuando veo su nombre reflejado en la pantalla del teléfono instantáneamente se activa algo en mi cerebro, un impulso nervioso que contrae los músculos de mi cara y hacen que sonría. Ojalá que esto dure, porque no sé que haría sin ellos. No me imagino un futuro cercano ni lejano sin ellos.
domingo, 14 de octubre de 2012
Porque sí.
domingo, 22 de julio de 2012
Largas Noches
miércoles, 11 de julio de 2012
Comunicación
Sin Prisa
domingo, 29 de abril de 2012
Saber Vivir
ENCRUCIJADA
jueves, 12 de enero de 2012
Y más.
Despedida.
Sé que ahora unas lineas en una carta con destinatario tu corazón,
no es suficiente para reparar todo el dolor y la soledad que te hice.
No soy sabio, aunque reconozca mis errores, pero sé que mi comportamiento no fue el correcto y aunque mi amor nunca te correspondió como tú hubieses querido y como yo hubiese deseado, no te pido que me perdones.
Me arrepiento desde el día que te conocí porque no fui verdadero,
sino palabras bonitas y cenas románticas, noches eternas y besos interminables.
Fuieste la mejor amante que un hombre puede desear, lo diste todo en esta relación en la que sólo uno de los dos fue sincero con sus sentimientos. Por eso me describo como una persona falsa y ruín, que juega con las cosas del corazón como quien juega a la pelota, dando golpes, cada vez más fuertes.
Espero que no te undas porque yo no lo haré y debes hacer lo mismo. Seguro que ahi fuera hay alguién que espera que lo encuentres y que comparte todo tu amor.
Simplemente sorprendente.
Muchas veces me han descrito esa sensación que a todos nos llega alguna vez.
Unas veces llega muy pronto, y otras parece que nunca va a llegar.
Lo único cierto en todo esto, es que llega cuando menos te lo esperas,
como una sorpresa, de imprevisto, y que sea así es lo que lo hace bonito, especial.
Son como mariposas en el estómago me dicen,
como un estado pleno de felicidad, una alegría constante,
una sonrisa tonta que parece que nunca va a desaparecer o
como volver a nacer.
Desde mi punto de vista, es como el primer diez en el boletín,
esa noche de fiesta con los amigos, un día en la playa,
tu primer sueldo, ese campeonato de fútbol en el que fuiste el máximo goleador,
vivir en la época en la que los españoles somos campeones de Europa y del mundo,
como ese recuerdo que cada vez que se te viene a la memoria, te crees invencible.
Si juntase todas esas emociones increíbles, no se acercaría lo más mínimo a lo que me han descrito, está por encima de todo eso.
Más que un estado, es una forma de vivir, suprema, me atrevería a decir que casi divina,
pero mejor, nuestra mortalidad hace que cada instante sea mejor que el siguiente,
inolvidable.
No sabría decir si ha llegado tarde o pronto, sólo sé que no me lo esperaba.