domingo, 1 de enero de 2012

Es para mí.

Cada día una nueva historia por contar, sólo tenemos que llevarla a nuestro terreno, abrir bien los ojos, fijarnos en todos los detalles, hasta lo más insignificante, aquello a lo que nunca prestamos atención. Así comienzan todas las buenas y grandes historias, pero también las más trágicas y dolorosas. Una taza de café a las siete de la mañana y otra después de ochenta y siete años de vida. Una mirada al reloj, media vuelta hacia la habitación, doce pasos desde el salón hasta el armario. Un insoportable ruido al abrir las puertas del armario, y el sonido de dos perchas al descolgarse. Tus pantalones vaqueros y una chaqueta de entre tiempo. Te has asomado a la ventana y no parece que haga frío, pero en el coche la chaqueta no molesta. En frente del espejo ya vestido, te toca peinarte, y te gusta ir bien guapo, el pelo recortado y un poco de flequillo fijado con gomina. El estruendo del secador despierta al vecino. Una vez que llevas el pelo a prueba de bombas, te vuelves a dirigir a la habitación, abres el cajón del escritorio y tienes varios frasquitos de perfumes, al cual más elegante y sofisticado. Sabes que con un poco basta, pero no te arriesgas, quieres oler bien y que te digan lo bien que hueles. Te dispones a salir por la puerta de casa y haces inventario, llaves, móvil, llave del coche, llave de la cochera, la cartera, y los apuntes que anoche a última hora te pidió la compañera. Te comes el mundo, parece como si nunca hubiesen existido las guerras, el hambre en el mundo es un mito y los accidentes de coche son cosa del pasado. Es increíble lo que el ser humano puede potenciar su función inhíbidora cuando está enamorado. Y sí, has leído bien, enamorado, dícese del sentimiento que a todos nos desorienta, nos confunde, nos condena y que encima de todo, parece que hasta somos más felices, así somos. Simplemente con saber que esa persona que no puedes quitarte de la cabeza, probablemente vaya a ser la chica con la que pases el resto de tu vida, te da la suficiente energía como para vivir eternamente.

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